Semblanza de litigante. No. 28

Comentario de la Lic. Lucy I. Ramos Muzaleno.

Este es el antepenúltimo artículo de mis semblanzas y deseo compartirles las opiniones de los compañeros del Bufete titulares de secciones, iniciemos con la escrita por la Lic. Lucy Isabel Ramos Muzaleno.

“Generalmente cuando eres estudiante de la Licenciatura en Derecho te imaginas que tu trabajo estará delimitado por las leyes, códigos, doctrina, artículos etcétera; que si te aprendes de memoria las legislaciones podrás dar buenos resultados a tus clientes, y que entre más domines los textos más exitoso serás; esa idea tuve casi durante los dos primeros años de estudiante en la Licenciatura, y tal vez sea porque la cátedra que nos impartían generalmente versaba en eso, en escuchar todos los días artículo por artículo de la legislación que los Maestros se sabían y que algunos para sorprendernos o tal vez para presionarnos sabían también el número de página en la que se encontraba redactado tal precepto.

Las evaluaciones por lo regular también estaban basadas en eso, en números, en escribir el número del artículo de tal código que decía determinada frase, por decir algo; en algunas ocasiones me sentía sumamente segura de que estaba aprendiendo y de que cada día lo estaba haciendo mejor, de que la fórmula que nos explicaba cada catedrático era la perfecta y que mientras la siguiera a la perfección nada podía salir mal; casi al terminar el segundo año de la carrera tuve la oportunidad de comenzar a practicar en el Bufete Jurídico López Thomas, cuando se dio la oportunidad de asistir a una cita con el titular, pensé “ya estoy lista, con todo lo que se y con la práctica, al terminar la carrera seré una excelente abogada”; llegó el día, recuerdo que me senté por primera vez frente a un gran librero, con variedad de bibliografía en temas de derecho, y ahí estaba el titular quien con tres o cuatro preguntas que me hizo supo en donde estudiaba, el semestre y la materia de derecho que más “dominaba”; le dije por qué quería practicar en su despacho y procedió a evaluar mis conocimientos con cinco preguntas de las cuales pude contestar correctamente solamente una, en ese momento me di cuenta que realmente no sabía nada comparado con el mundo que es el derecho y con todo lo que está afuera de la Universidad, posteriormente me dijo que sí me aceptaba en el despacho y que comenzaría a evaluarme constantemente, me asignó a un área en concreto y de inmediato comenzaron a integrarme al equipo de trabajo; desde ese momento mi perspectiva de la carrera y su campo de trabajo cambió por completo, pude estar de cerca en diversos litigios, en diligencias saber lo que era hacer todo aquello que estaba escrito en los artículos, algo que realmente me gustó fue que desde el día uno comenzaron a encargarme trabajo, me enseñaron a elaborar promociones, desde la más sencilla, hasta elaborar proyectos de demandas o contestaciones, alegatos y agravios; cuando eres estudiante realmente no sabes el significado de muchos términos, pero cuando los utilizas te familiarizas con ellos; así comencé a aprender realmente el derecho con la práctica y fue en ese momento que me di cuenta que a esto quería dedicar mi vida, a litigar.

Actualmente ya tengo trabajando en este Bufete siete años y durante todo este tiempo he aprendido mucho; desde la manera en la que debes asesorar al cliente, hasta la forma en la que se estudian los asuntos para proponer su defensa, como redactar los escritos, que hacer en cada audiencia; pero lo más importante que cada día se aprende algo nuevo, aprendemos que se debe hacer o que no se debe hacer; es cierto que de cada asunto se aprende, pero la enseñanza y conocimiento que nos inculca el titular es fundamental, sobre todo porque siempre nos me ha enseñado a hablar con la verdad al cliente, a no dar por cierto todo lo que dicen jueces, secretarios, ministerios públicos; y a estudiar todos los días.

Dentro de esta experiencia he tenido la oportunidad de aprender y litigar la materia familiar, una rama del derecho que es fundamental, en ocasiones compleja pero muy interesante; he tenido la oportunidad de litigar juicios de guarda y custodia, alimentos, convivencia, divorcios, medios preparatorios de recuperación de menores o separación de cónyuges, así como juicios de investigación de paternidad entre otros; pero los anteriores en lo particular me gustan por que en algunas ocasiones se tienen que escuchar y entender temas emocionales que tienen que ver con los menores de edad, con los niños y con su interés superior; como lo dice nuestra Suprema Corte de Justicia; y en este tema precisamente se encuentra lo complejo del asunto, pues también he aprendido que nuestro desempeño como abogados debe de estar al nivel necesario para con nuestro actuar también cumplir con esa obligación de salvaguardar ese interés superior del menor; cuando recientemente había comenzado mis prácticas en el bufete, en alguna ocasión tuve la oportunidad de presenciar una asesoría que dio el titular del bufete a un cliente varón, que tenía la inquietud de demandar la guarda y custodia de su pequeña hija de cuatro años; el cliente argumentaba que él tenía la posibilidad y estabilidad económica para mantener a su hija, pagar sus colegiaturas en un preescolar particular, llevarla a clases de natación y equitación, comprarle ropa de marca y en su caso inscribirla en escuelas particulares de renombre, así lo expresaba; y que por el contrario la mamá de su hija trabajaba medio tiempo lo que le impedía cuidar a su hija todo el día, no tenía recursos económicos y para transportarse utilizaba una motocicleta, medio de transporte que resultaba inseguro para la menor de cuatro años entre otras alegaciones que expresó, en su mayoría encaminadas a desacreditar la integridad de la mamá de su hija; el titular escucho detenidamente cada argumentación de nuestro cliente y una vez teniendo toda la información comenzó a dar la asesoría sobre el derecho que él tenía de demandar la guarda y custodia las debilidades y fortalezas, y le comento: sin embargo hay algo muy importante que es mi responsabilidad decirle, nosotros como abogados en los asuntos en los que están involucrados menores de edad, tenemos un compromiso con ellos, los menores y no con el cliente., es mi obligación decirle que nuestro deber es velar también como abogados por ese interés por que el menor este en el lugar que sea más sano para su desarrollo, y que sus progenitores le proporcionen lo necesario para su bienestar tanto físico como psicológico y emocional, bajo este criterio le dejo la opción de que decida si quiere que seamos sus abogados o no, pues en ese caso no nos desgastaríamos en demostrar si la mamá de su hija es la peor persona, nos encargaríamos de que su hija sea escuchada y valorada por especialistas para que se determine de manera objetiva sobre su guarda y custodia.

En ese momento comprendí la importancia de aprender a litigar de manera responsable la materia familiar, y no se trata de ser sensible o no, se trata de ser éticos y de no prestarnos como abogados a crear más heridas en los menores o sus padres, pues lejos de solucionar los problemas que nos encomiendan, en algunas ocasiones los abogados terminan sembrando más odio y sobre todo afectación en los menores.

De esta manera he ido aprendiendo a litigar, y cada día falta aprender más, a ver los problemas de los clientes como si fueran los propios, a entender cada forma de actuar de las partes de un juicio a ser humanos y escuchar sus inquietudes pero a no dejarnos llevar por eso; a no agredir a los compañeros abogados, tampoco criticar su trabajo, pues cada quien hace lo que puede, pero sin duda la manera de trabajar da frutos en todo momento; he aprendido que cuando decides ser abogado litigante, te estás comprometiendo a ser abogado para toda la vida, de tiempo completo y aun en días festivos, pues cuando requieran tus servicios nada podrá ser más importante que ir a luchar justamente por los derechos de tus clientes.”

Gracias.

Mtro. en D. C. Gerardo Francisco López Thomas.

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